Joaquín Ramírez no se ha marchado. Lo han jubilado. Como en la escena de Julio César, de Shakespeare, sus compañeros de partido han ido asestándole, uno tras otro, su puñaladita particular, hasta que ha caído moribundo: Celia Villalobos, Esperanza Oña, Paco de la Torre. "¿Tú también, Bendodo?" Al final, los lacayuelos malagueños del PP sevillano, han servido la cabeza de Ramírez en bandeja de plata, a Javier Arenas, que a esta hora debe estar relamiéndose los bigotes, después de haberse quitado de enmedio a un baroncito con aires de verso suelto.Ha sido una destitución encubierta, utilizando como coartada la oposición de Villalobos a Ramírez.
Personalmente, me importa bien poco el futuro político del señor Ramírez.
Pero su destitución es un síntoma claro de que el PP malagueño es una mera sucursal del PP regional, sevillano, de Javier Arenas. Una sucursal sin autonomía, incapaz de decidir ni elegir sus propios dirigentes. Bendodo era el recambio inmediato que Sevilla tenía pensado, y según informa Pepe Fernández en su blog, conocía, antes que Ramírez, la maniobra.
Ahora nos queda saber si De la Torre será coherente y pedirá a Bendodo que deje su acta de concejal, argumentando incompatibilidad entre Ayuntamiento y presidencia del PP, como hizo con Joaquín Ramírez en su día. Hagan sus apuestas. La mía es que se queda de concejal.
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